
"No sé por qué me esfuerzo tanto por pensar si las religiones se las inventaron hace rato."
Danny Restrepo.
Con esta sabia predicación, de un sabio amigo, resumo lo que para mí es el por qué de la condición o modo de vivir que llevamos, en casi toda Colombia y más aún "an Antioquia".
No culpemos a nuestros ilustrados papás por pretender que domingo tras domingo madruguemos a la santa eucaristía. Ellos sí siguieron consejos (o sea, órdenes) de sus papás: no planificaron porque era pecado, muchos esperaron el matrimonio para ser libidinosos sin pecar, fueron prudentes después de acudir al burdel, y se abstuvieron con la idea de tener de dos a cuatro hijos con dos o cuatro años de diferencia cada uno, y así nunca mostrarse exagerados.
Nosotros, generación rebelde (RBD%u2019s) y medianamente inteligente, somos el producto de un régimen educativo católico: Papá y Mamá sólo acataron las leyes "divinas" al bautizarnos ("Mijo, todo es por su bien") ... Para ellos nuestra formación iba muy bien hasta que adolecimos, pero en mi concepto el elemento fallido se dio en los meses previos a la primera comunión, cuando aburridos del catecismo quisimos abandonarlo, pero nuestros padres en pro de la motivación nos trasmitieron la más valiosa información: seríamos el eje del festejo, recibiendo todos los regalos adquiribles por la familia; además, probaríamos "el cuerpo de Cristo", comprendiendo a la vez por qué nunca se casó.
Nos hicieron ambiciosos, a partir de la primera comunión esperábamos dádivas de la religión, algún beneficio por madrugar cada fin de semana. Algunos al no verlo llegar apartamos nuestra espiritualidad del daño que ese tal Jesús podría hacerle, emancipando nuestro criterio a tiempo; para otros fue demasiado tarde: persistieron aferrados ambiciosamente, y ahora necesitan que los demás se fastidien (o disfruten, siendo reggaetoneros) viendo que el oro (o peor, el platino) que baña sus camándulas fue un regalo por todas las plegarias que declamaron en su vida.
Papás y mamás que nos están leyendo: su hijo es devoto pero como castigo a ello es nea, poseerá un incurable padecimiento de por vida que no tendrá remedio, pero usted no es el responsable. Permitir que su hijo sea tocado por "el Padre Santo" es el mejor obsequio que le ha concedido...
Con una culminación de una semana santa exitosa, más que todo por las neas colaboradoras que cargaron los santos, y por las pintorescas multitudes que van más a viacrucis que a marchas que valen un poco más la pena, deseo que se hayan regocijado en los días de descanso que mucho nos merecemos.
(Natalia Palacio, Pecas)