Para todas aquellas personas que hemos sido denigradas por ser las portadoras de un segundo nombre innombrable...
Según parece, algunos padres de familia excitan sus cuerpos y deleitan sus mentes intentando nombrar a un hijo, tarea que toman con tanta seriedad que terminan exagerando, y el resultado de sus fetiches sexuales es la humillación de ese sucesor durante años.
Si usted se llama Yudisdira Patricia, Mallerladys Verónica o Walt Disney de las flores, comprenderá que era necesario comentar acerca de semejante atropello de la vida... Los papás se dejan deslumbrar fácilmente por la llegada del heredero, y no tienen en cuenta lo mucho que pueden modificar su futuro al ser complicados nombrándolo.
Supongan la escena de su nacimiento: el blanco y congestionado hospital, la sala de espera túquia de familiares preocupados, heridos por doquier, y un casi papá esperando la salida del médico; una espera llena de ilusión que deja de ser gratificante con el paso de las horas, y que pudo haber marcado su destino...
Mientras este papá aguarda, recuerda que aún no ha definido cómo se llamará usted, y emplea ese tiempo restante en la minuciosa búsqueda; que comienza analizando su entorno: personas en mal estado de salud, algunos mutilados y uno que otro fallecido; por eso, no debe extrañarse si usted posee el nombre de alguna enfermedad, o de la cura de esta, puede decir orgulloso que hace honor a un hallazgo de la medicina. Sea este su caso o no, la mitad de su nombre tiene proveniencia forastera, lo que en nuestro continente es algo cultural...
Adicionar nombres extranjeros a nuestro lenguaje, y sobre todo modificarlos, de cierto modo lo enriquece, además de hacer parte de nuestra tradición oral; empezando por Jhon Jairo Jaramillo (quien seguramente habría creado un restaurando de nombre "Las tres Jotas", o "Los Jaras".), pasando por Darwin Darío Castaño, Anderson Alcides Montoya, hasta Laionel Duque.
Siendo todo esto tradicional pasa a tener un impacto social: si usted es rica y se llama Maia Andrea del Socorro es aún más "play", y podría ser una prestigiosa diseñadora; pero si está buscando empleo y su nombre es Donald Benito Martínez, puedo asegurarle que tendrán más en cuenta a Esteban González, a menos de que pida trabajo en McDonald's.
Ya en su "madurez", usted habrá desarrollado complejos definidos después de muchas crisis existenciales; manifestar con frecuencia esos complejos ayuda a equilibrar pesos, no hacerlo será la inequívoca señal de que sus hijos tendrán nombres peores que el suyo. Con la tecnología invadiendo nuestros hogares, "inconscientemente", usted se desquitará poco a poco nombrando a su descendencia: escucharé en un futuro cercano diciendo "mucho gusto" a Feisbuc Alonso y a Windows Marcela...
Cualquiera que sea la combinación de su nombre, siéntase afortunado de ser el portador de un invento, nadie va a tener su misma cuenta de correo electrónico; hágalo público en su círculo social, pero cuidado: ¡escoja el menos exótico para la hoja de vida!
Recuerde que un "destino marcado" no significa un futuro desgraciado: llamarse Bilgueits Fernández puede ser ventajoso a la hora de comprar un computador...
(Natalia Palacio, pecas)