TAXONOMÍA DE UNA ENTREGA DE NOTAS

Quiero mostrarles cómo vemos los maestros a nuestros discípulos en ese crucial momento, y para eso voy a echar mano de la sabia naturaleza.


El tiempo de la vida de escolar no es nada fácil. Tareas, profesores, coordinadores, que venga firme el libro, que necesitamos a su mamá, que saquen una hojita, que 2.9. 

Pero todo lo anterior pasa a ser ínfimo cuando se llega la hora de la entrega de calificaciones. Todos esos acontecimientos se resumen en el instante donde el tiempo se vuelve relativo, donde entre paredes despintadas, el profesor y mamá, estás tú, en espera de la sentencia y extrañamente tratando de recordar de qué material están fabricadas las chanclas de tu madre.

Pero hoy no voy a escribir sobre el profesor, ya mucho se ha hablado del tema. Será lo contrario. Quiero mostrarles cómo vemos los maestros a nuestros discípulos en ese crucial momento, y para eso voy a echar mano de la sabia naturaleza.

Como si su padre fuera el mismo Mánimal (Si comprendes la referencia significa que estás viejo), en el mismo instante en que el estudiante se sienta, comienza un proceso de  metamorfosis animal que varía con cada sujeto. 

A continuación, la clasificación taxonómica de un estudiante en una entrega de calificaciones:

El Estudiante tortuga

Esta especie es fácil de identificar, antes de entrar por la puerta comienza a caminar lentamente y en algunas ocasiones trata de disimular o escapar buscando conversación con cualquier compañero de la misma especie. Luego del jalón de su matrona, el tortuga se sienta y ahí comienza su verdadera etapa transformación. A cada segundo de exposición del profesor, el tortuga se va recogiendo, su cuello y extremidades desaparecen entre su propio cuerpo y en ocasiones abre su boca como tratando de respirar pero nunca dice nada.


El Lombriz:

 

Es mudo. Por más que mamá y profesor  preguntan no inmuta ni una sola palabra, él sabe que no le conviene hablar. Su mirada siempre está buscando tierra y sólo reacciona con una buena sacudida, que normalmente proviene de su progenitora, lo que evidencia que al igual que las lombrices son también  sordos y sólo perciben la vibración. Por último, su trasero se sacude desesperadamente de un lado a otro en el pupitre, pero por más que trata, nunca logra acomodarse.


El gato

Reza un viejo proverbio que una imagen vale más que mil palabras. Del Gato sólo es necesario decir, que de sus ojos se puede leer claramente: “Profe, no siga, no hable más, no me deje morir”

El tarsero

 El tarsero es bastante peculiar, tierno pero intimidante. Desde el mismo momento en que se sienta, abre sus grandes ojos e increíblemente nunca vuelve a cerrarlos, ni siquiera para parpadear. Ahí se queda, estático. Mira al profesor fijamente, y le deja la angustia de no saber si simplemente le está escuchando o tal vez, está creando algún plan macabro en su contra. Es bastante común que el tarsero luego de algunos minutos, termine convertido en Gato.

El Pavo

Especie en vía de extinción. Desde que cruza la puerta el Pavo va seguro, sabe que es dueño indiscutible de los primeros lugares. Al recibir sus notas, saca pecho junto a su progenitora mostrando su plumaje de números exuberantes mientras los demás reptiles, felinos, anélidos y primates todavía siguen retorciéndose entre la envidia y el odio. Extrañamente al Pavo a pesar de su beldad, es común verlo solo y con grandes dificultades para aparearse.

 

¿Alguna vez pensaron en la chancla de la mamá, mientras recibían sus calificaciones?

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Todos aquí están locos. Mejor me voy. ¡Arre unicornio!

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