Tele-Ermitaños

¿Se siente perdido cuando sus amigos hablan de The Walking Dead?, ¿no entendió el meme de la camiseta del “Gay Mostrón”?, ¿al ver el comercial de la nueva temporada de Prision Break creyó que de nuevo se había fugado El Chapo? Lo entiendo y me solidarizo.


Ni Lost, ni 24, ni Prision Break, ni Breaking Bad, ni The Walking Dead, ni Game of Thrones. Desde el final de Betty la Fea sumercé se retiró de los estrenos televisivos, todavía le dice “Gaviota” a Margarita Rosa de Francisco y busca incesantemente el canal regional de turno que repita Dejémonos de Vainas.


O tal vez es de esos bichos raros que prefieren un buen libro, una película independiente y un curso de manualidades en las pausas de ocio. De cualquier forma me identifico; no es que no disfrute a ratos pegarme a la caja maldita y canalear hasta que me duela el pulgar del control remoto, pero yo no me pude adaptar al vértigo de la pantalla chica contemporánea.

Hora y Canal, Por Favor

La desactualización comienza por acá: viniendo de una generación que se educó aprendiendo de memoria, escuchando el casete en orden y leyendo Condorito hoja por hoja, cuesta aceptar la libertad de horarios para ver los programas. Que digan a qué hora y en cuál canal, y que pasen cinco minutos de comerciales para poder preparar café e ir al baño con ese “tensionadito bacano” que pregonó Rene Higuita.


Resulta que ahora se conecta uno a Internet y ahí está el programa listo para ser visto, en cualquier momento, incluso desde el mismo aparato por el cual llama uno a la mamá. No quedan ni rastros del sufrimiento de perderse un capítulo, ni la dicha de poderlo ver borroso meses después gracias a la grabación de Betamax de un compadre, ni la tragedia que significaba un viaje a la costa que trastornara el cronograma de dibujos animados, series policiales y novelas del mediodía.

La Batalla del Control

Nos quitaron la sustancia, el drama, el suspenso que precedía a sentarse en el sofá a recibir radiación. Y nos volvieron blandos, cada habitante de la casa tiene su propio artilugio; las legendarias disputas por el control remoto son cosas del pasado, el zaperoco entre hermanos, primos y camaradas por ostentar el privilegio de decidir qué se sintonizaba y sólo dirimían con amenazas de castigo y expulsión los dueños de casa, quedaron reducidas a tibios debates acerca de la calidad de tal o cual show, en el cual intervienen los viejos desencantando la acción:


– ¡Imagínate, mija, que ayer en TWD le volvieron mondongo la cabeza al chinito a punta de batazos!

– ¿De verdad, mi amor?, está tarde viene la señora Gladys de la obra social, le voy a decir que lo veamos por Fox Premium.


El control remoto se ve triste, melancólico, antes era el motivo principal para madrugar y llegar temprano del colegio, por su posesión se libraron peleas épicas, y contempló con indignación la reprobación de los viejos hacia la sinvergüencería de las Hinojosa y la vida mercenaria de Los Magníficos. Hoy no hay censura, ni familia, todos están encerrados en su Netflix Room (anteriormente llamada habitación).

Eso NO Es un Televisor

Eso tan delgadito y estilizado no es un televisor. Un televisor tiene que ocupar por lo menos un tercio de la sala o medio corredor, debe durar mínimo veinte años y haber máximo dos por casa: uno en el cuarto de los papás y otro apuntando a los muebles y el comedor. Lo que venden ahora son dispositivos delicados, de tamaños diminutos o descomunales y grosores microscópicos. Tienen el poder de esclavizar a la humanidad; ¿no?, ¿qué anda haciendo ahora?, ¿qué va a hacer más tarde?, ¿qué estuvo haciendo todo el domingo?


Las circunstancias expuestas me alejaron de las primicias satelitales. Traté de consumir de un totazo algunas de las series que mencioné al principio del presente artículo. No tuve éxito, me empalagué y me desesperé con tanta alternativa, con la ausencia de propagandas y la inmediatez sin suspenso de las propuestas de estos tiempos.


Desempolvé mi Zenith de diez arrobas, lo acomodé encima del escritorio, le puse la vieja antena de conejo y aquí estoy expectante, me contaron que en Señal Colombia comienza en media hora Don Chinche. Fue tanta la alegría que le escribí una oda sentimental a mi tele. Y dice:

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Box

Productor musical casero, aspirante a relator de historias y fundador de A.C.O.S.T.A.D.O. (Asociación Continental de Ociosos Sindicalizados, Trabajadores Abstinentes y Desempleados Orgullosos).

Son siempre bienvenidos sus acertados halagos, cuestionables sugerencias y despreciables críticas. ¡Ahí nos leemos!

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